NOTA: Cada artículo lleva SIEMPRE un tema musical. Recomiendo que antes de leerlo dadle al play; de este modo mientras se lee se puede escuchar la canción, que es el modo como fue escrito, con la música de fondo.
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse, y una compañía no significa
seguridad, y uno empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir todos sus caminos
en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba ya no tiene
ningún sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo... aprenderás...
COMPTINE D’UN AUTRE ÉTÉ – Yann Tiersen
Recientemente, el investigador japonés Massaru Emoto ha divulgado sus asombrosas investigaciones sobre la conciencia del agua en El
mensaje del agua, publicado por la editorial Liebre de Marzo.
El Dr. Massaru Emoto, comenzó a investigar las moléculas del agua a raíz de unos estudios sobre resonancia magnética realizados en Estados Unidos.
Conocedor de las maravillosas formas en las que cristalizan los copos de nieve, se le ocurrió traspasar esta idea a las gotas de agua, congelando las distintas aguas y tomando fotografías de los
cristales.
Ayudado de un avanzado microscopio electrónico con cámara incorporada, Emoto fotografió diferentes aguas de su país, Japón, y de otros lugares. Tomó
instantáneas de moléculas de aguas procedentes del manantial de Sanbuichi Yusui y de Saijo, del manantial de Lourdes y
del Ártico. En todas estas aguas puras, los cristales formados por las moléculas de agua tenían una belleza inconmensurable, siempre partiendo de la forma del hexágono.
Seguidamente, el investigador experimentó con las sucias aguas del lago Biwake y del río Yodo, en la ciudad de Osaka. Las
imágenes tomadas de los cristales procedentes de esas gotas de agua reflejaban una fealdad y falta de armonía considerables. Después, tomó instantáneas de las contaminadas aguas del dique
de Fujiwara tras la oración de un monje sintoísta. Las diferencias entre las fotografías tomadas antes y después son tan espectaculares que muchos consideran que se
trata de una prueba científica del poder de la oración. Los mismos átomos se habían reorganizado de manera diferente, armoniosa, después de recibir esa energía espiritual. Entonces, decidió dar
un salto más allá.
Emoto probó a poner música de Bach, de Beethoven, un sutra tibetano y música
tradicional japonesa, y obtuvo unos cristales armoniosos; mientras que al poner heavy metal por ejemplo el resultado fue una completa desestructuración. El paso siguiente consistió en escribir
palabras bonitas sobre cartón en las mismas aguas. “Amor y aprecio”, “gracias” y “Madre Teresa” provocaron cambios positivos en los cristales de
una misma agua, mientras que “te odio y te mataré” y “Adolf Hitler” hicieron que las moléculas del agua congelada “emitieran” mensajes
inarmónicos.
En el origen de estas investigaciones está, una vez más, la evidencia de que el 70% de nuestro cuerpo y el de nuestro planeta tienen el mismo
componente: H2O. Los seguidores de estas investigaciones siguen la máxima hermética “como es adentro, es afuera”, lo que en términos científicos sería la
equivalencia entre lomicro y lo macro.
El agua no sólo es el vaso comunicante de la información entre nuestras células sino que, como demuestran las investigaciones del Dr. Emoto, tiene una
memoria, por tanto, una conciencia, y reacciona a las emociones y las vibraciones. La equivalencia humana podría ser que una experiencia positiva recuerda hechos alegres y un momento depresivo
trae a la cabeza más tristeza, retroalimentando la frustración. Las modernas teorías cuánticas apoyan estas aseveraciones al demostrar que el 99% de la información molecular es luz (o vibración).
Los grupos de la nueva era han obtenido de este concepto respaldo científico para realizar tareas de curación utilizando la oración y la música.
La ciencia cuántica ha dado la razón al poder creador del pensamiento. El experimento de los “dos agujeros” con las partículas más pequeñas de energía –fotones, protones y
electrones– demostró cómo éstas actuaban de manera diferente en función de las expectativas del investigador. Ese experimento ha puesto de manifiesto que una partícula puede existir en dos
dimensiones al mismo tiempo, dando lugar a la teoría de los universos paralelos o la posibilidad de que existan varias realidades al mismo tiempo.
Tomando como punto de partida estas investigaciones, diversos grupos y personas llevan un tiempo tratando de regenerar las aguas a través del pensamiento consciente.
El empresario indio Amin Daya, residente en Granada y dedicado a la instalación de plantas depuradoras, es un convencido del
poder sanador de la mente. Lleva a cabo labores de purificación del agua desde hace cuantos años. Amin realiza tareas de este tipo con el agua diamantina que afirma
tener la capacidad de crear. Esta agua no sólo regenera las aguas de ríos y mares contaminados sino también la salud de los seres humanos, sobre la base de la ecuación micro-macro referida
antes.
Hace dos veranos, un grupo perteneciente a la Red Ibérica de la Luz se acercó hasta Muxía, en la Costa de la Muerte, tras realizar el Camino de Santiago, para realizar una
tarea de sanación. Durante diez días estuvieron allí mandando energía positiva y vibraciones a estas devastadas aguas del Cantábrico. Dicen que, en los momentos en los que se realizaban esas
prácticas, se veía saltar a los delfines por los alrededores de la playa.
I'LL TRY -- Jonatha Brooke
A menudo queremos volver a ser pequeños. Para regresar a nuestra infancia, dónde sólo nos preocupaba si la bicicleta se nos había quedado anticuada, o si el vecino mayor de enfrente nos quería pegar porqué jugabas con su hermana y te tenía una manía injustificada a tu entender. Pero claro, sólo tienes 9 años, y todo te parece demasiado complejo y complicado. Cosas de mayores piensas a menudo. En cambio deseas crecer de un modo muy rápido, y lo que son dos años para ti quieres que pasen en realidad doce, para así poder hacer las cosas que hacen los mayores.
Inocencia se le llama a eso. Algo que perdemos a medida que cumplimos años, y la sustituimos por quebraderos de cabeza, problemas personales, o bien ajenos pero que el daño
colateral se encarga de recordarlos, y que repercutan indirectamente en nuestro paseo por este planeta, por esta vida que a veces no nos pertenece, o al menos es lo que nos han enseñado a
creer.
Controlar todo cuanto nos ocurre, pensamos, o actuamos es imposible, aunque nuestro umbral de inteligencia sea superior a la media. Sencillamente no es posible, nunca puedes
controlar aquello que no sabes el motivo, aquello que no sabes que ocurrirá, ni de que modo actuarás en ciertas situaciones. Puedes entrenar para ello, leer a grandes autores universales para ver
si encontramos pistas y conocernos mejor, puedes pasarte horas meditando una solución a un conflicto interno o externo. Pero seguirás sin hacer lo más importante, que no es más que ver y entender
las señales que van apareciendo.
Ahí está la clave de todo ello. Nunca lo hacemos, simplemente nos precipitamos, no escuchamos, no vemos, no estamos al día de nuestros pensamientos más escondidos, no le
hacemos caso a nuestro verdadero ser. Traspasamos esa responsabilidad al músculo que no está preparado para hacerlo: El Cerebro. Pero el cerebro no deja de ser un almacén y una fábrica a la vez,
y como cualquier empresa necesita trabajadores, tener un stock, papeles que archivar, empleados que escuchar. Y por lo tanto se ha de mimar, de cultivar, de potenciar, pero para estar preparados
y cuando llegue la ocasión utilizarlo como soporte no que decida por completo o corremos el enorme riesgo de equivocarnos.
Crecer, vivir día a día es complejo, es a veces incluso triste, o carente de sentido. Y nos equivocamos si pensamos esto. Nunca seremos personas libres de espíritu (de lo otro
es una utopía mientras exista el dinero, los políticos y este tipo de poder, los hombres no son capaces de gestionar correctamente tanta responsabilidad sin perderse por el camino, sus ansias de
poder les consume). Al menos en nuestro espacio interior, en nuestro cuerpo, en esa prisión del alma, deberíamos de ser libres. De no cuestionarnos nuestras propias decisiones, y si nos
equivocamos aprendemos de ello, y si caemos nos volvemos a levantar, pero rendirnos o tirar la toalla es algo que no debería ni tan siquiera existir un nombre o concepto que lo definiese.
No deberíamos llorar por aquello que no tenemos, sólo por lo que hemos perdido, por lo que se nos ha escapado, por lo que no hemos sabido aprovechar, y deberíamos de llorar
más a menudo de alegría por lo que sí tenemos, por quienes somos, por quién nos tiene en cuenta en sus vidas, por quién en realidad nos ama, por estar vivos y ser conscientes de ello.
THE SUN IN THE STREAM - Enya